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  NUEVO Escudo de Distinción de Buenos Ayres 1806/7

Gazeta de Madrid 

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  Los ejércitos Independentistas de la Guerra de la Independencia Sudamericana se regían aún por las ordenanzas españolas y mantenían sus usos y costumbres que poco a poco fueron variando.
Uno de estos usos era el de reconocer el valor de sus soldados por medio de la concesión de escudos de distinción que ponían de manifiesto el valor del mismo en determinadas acciones de guerra.

Estas distinciones seguían un cuidadoso diseño y llevaban en general una leyenda alusiva a la accón de guerra que premiaban. Su función era la de unir indefectiblemente la imagen de un guerrero a la de sus acciones y que sirviera de ejemplo a sus pares. 

Este distintivo queda establecido por regla general en el Ejército, y mediante él todo soldado llevará a la vista la historia de sus campañas, en premio de su valor, y un estímulo para sus conciudadanos. ¡Qué gloria la del patriota que llegue a cargar en veinte o treinta escudos los trofeos de sus fuertes brazos! (Gaceta de Buenos Aires, 29 de noviembre de 1810)


El primer antecedente en cuanto a estas distinciones en el Río de la Plata fue el escudo de distinción otorgado por el Rey Carlos III a los veteranos que se habían distinguido en la defensa de Buenos Ayres en 1806 y 1807, cuyo decreto fue publicado en la Gazeta de Madrid del 9 de febrero de 1808.
  Gazeta de Buenos Ayres

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Sucedida la Revolución de Mayo la Junta de Gobierno de Buenos Aires no tarda en continuar este reconocimiento al valor y heroísmo de sus tropas y el 20 de noviembre de 1810 la Gazeta de Buenos Ayres publica la resolución de la Junta de Goberno de conceder un escudo de paño blanco a los veteranos de Tupiza (Suipacha). Es de destacar la sobriedad de diseño de este escudo que solamente hace mención del agradecimeinto a los vencedores. Los que le sucederán serán mas ricamente adornados con laureles o palmas mencionando también en algunos casos la fecha de la acción. Tambén harán distinción de rangos siendo de mayor calidad que los que se otroga a la tropa los que se diseñan para premiar a sargentos, mientras los que se otorgaban a oficiales y jefes estaban bordados en oro o plata.

No es hasta 1813, tras as victorias de Salta y Tucumán, que por medio de decreto del 5 de marzo, que la Asamblea General de las Provincia Unidas del Río de la Plata  reconocen los escudos de distinción como premios militares con los que se podrá condecorar a oficiales y soldados.


Explica claramente Alejandro M. Rabinovich en su trabajo "La gloria, esa plaga de nuestra pobre América del Sud" la importancia con que estas distinciones eran miradas se reflejaba en los gastos y los cuidados que les otorgaba un Estado por otro lado en continua bancarrota. Esto puede ser medido no sólo en la cantidad de oro y plata que se gastaba en su confección, sino en las medidas tomadas por el Estado para garantizar su monopolio. En efecto, no habían tardado en proliferar las falsificaciones de escudos y medallas, a pesar de que los mismos eran expedidos con una cédula oficial a manera de certificado de autenticidad. El gobierno reaccionó con decretos castigando la fabricación ilegal y uso indebido de medallas, pero el fenómeno siguió extendiéndose hasta que en 1817 se hizo necesario ordenar que todos los poseedores de escudos concurriesen al Estado Mayor General con los respectivos documentos calificativos, para que el Director Supremo los revalidase.